Estoy perdido, no se quién soy ni qué quiero.

Creo que los problemas de ansiedad, angustia, inseguridad, falta de valía y duda a la hora de tomar decisiones, vienen del hecho de que muchas personas no saben quiénes son realmente y, ¡tiene sentido!, ya que nunca nadie se lo ha enseñado.

Esto, implica que no se cuiden, que no piensen en ell@s mism@s y que no pongan límites por miedo a lo que pueda pasar, prefieren bajar la cabeza, ceder y tratar de ser aceptad@s, de encajar.

Llamar la atención, por pensar o actuar de manera diferente, no les parece una buena opción, por lo que siempre seguirán lo que socialmente esté establecido y su verdadero SER quedará oculto.

La frustración de hacer algo que no quieres, que va contra tu naturaleza (que te violenta) es muy grande y provoca mucho sufrimiento. Sin embargo, a menudo parece ser menor ese sufrimiento que el que supondría la crítica social por expresar nuestra verdadera opinión; así renunciamos a algo que nos haría estar tranquilos y satisfechos con nosotros mismos.

Vivir una vida que no queremos, es a donde nos lleva esta actitud guiada por el miedo. Por desgracia, la decisión de quitarnos esa máscara y empezar a vivir tal y como nos gustaría suele acaecer después de una gran crisis de salud o vivencial. Al enfrentarnos a una grave enfermedad, a una crisis existencial o incluso a la muerte, algo se libera en nuestro interior y se nos cae la venda que nos impedía ver lo que siempre hemos tenido delante. A partir de ese momento, empezamos a arriesgar y pase lo que pase, nos damos cuenta de que lo único importante en la vida es ser nosotros mismos y vivir al máximo cada día.

Espero que sabiendo esto no esperes a que algo te obligue a ser tú y decidas vivir antes de que no puedas hacerlo.

Para lograrlo, conviene que te des cuenta de dónde tienes puesto el enfoque, en el exterior o en ti mismo. Si tu bienestar depende de los demás, de las circunstancias o solo depende de ti, es decir, encuentras excusas para explicar por qué no te va bien, o eres capaz de centrarte en lo que depende de ti.

Si vives mirando hacia tu interior, hacia tu Ser, descubrirás tu propósito en la vida, para qué estás aquí y para qué haces lo que estás haciendo. Solo tu verdadero propósito, ese que nació contigo y que llevas en tu interior, repercutirá en tu bienestar y en el de los demás, si no es así, no es tu propósito de vida y lo sabrás porque no encontrarás satisfacción ni paz en él, solo sentirás que te falta algo.

De la mano de tu propósito sabrás qué es lo más importante para ti en la vida y qué tiene que ocurrir para que sientas que eso se cumple. Si no conoces tus valores, si no reconectas con tu ser, andarás muy perdido y como consecuencia, vivirás comparándote con los demás, viendo modelos donde no los hay.

Como si una cosa llevara a la otra, el mayor nivel de desarrollo de tu conciencia te permitirá conocer quién eres en realidad y te darás cuenta de que tú no eres tu mente ni tu ego, aunque se suele vivir como si así fuera.

El ego es una máscara con la que vivirás toda tu vida si no consigues llegar a tu verdadero ser. El ego te hace creer que tu valía depende de lo que la gente opina de ti, de lo que tienes y de lo que haces, y te hará sentir que nunca es suficiente. El ego necesita sentirse importante, fuerte y poderoso respecto a los demás y cuando se siente amenazado, te provoca esa tan incómoda inseguridad. La inseguridad llega porque has decidido jugar al juego del ego e identificarte con lo que él dice, por eso te sientes mal. En el momento que consigues alejarte de él y verlo desde fuera, nada te puede afectar, tú eres el cielo no las nubes, deja que las cosas sean sin reaccionar ante ellas.

La mente habla y tú, identificado como estás con el ego y siguiéndole ciegamente como si de una brújula se tratara, acabas creyendo todo lo que te dice: “soy de mecha corta” y otras cosas parecidas que te predisponen a la agresividad, al miedo, a sentirte amenazado, y por lo tanto a la necesidad de defenderte de la vida, como si vivir consistiera en mantener una lucha sin cuartel contra un universo hostil. Vivir así es una fuente inagotable de ansiedad. Tienes que darte cuenta de que tú no eres lo que el ego y la mente quieren que creas.

¿Qué más suele decirte tu mente? ¿Cómo te define? Completa la frase:

  • Soy…
  • Necesito…
  • No puedo…
  • Todo el mundo cree…
  • Siempre…

Las necesidades en general, como por ejemplo las ganas de fumar, comer etc. no son tuyas, son del ego y a menudo son manifestaciones de un problema subyacente: ansiedad, enfado, miedo. Por eso, observar y no reaccionar ante esas necesidades es crucial para salir de ese bucle. Sé consciente de ese malestar, permite que se quede, no le rechaces ni quieras ocultarlo y conseguirás que, igual que vino, se vaya.

Cuando no entras en este juego de egos y pensamientos, tu vida cambia. Cuando vuelves a leer las instrucciones de este juego, te das cuenta de que son un papel en blanco y que lo que había escrito ha desaparecido, ahora puedes escribir tú las normas a seguir del juego.

Una de las cosas más importantes para dejar ese juego es no satisfacer al ego, no dándole lo que quiere de ti, ¿sabes lo que el ego quiere de ti? Que caigas bien, quedar bien, ser perfeccionista, tener un físico atractivo, tener estabilidad económica, no cometer errores, que la familia y amigos estén orgullosos de ti… También quiere que te enfades, que defiendas lo que es tuyo, que nadie te ningunee, que tu opinión sea ley, que las cosas se hagan como tú quieres. Esto te suena ¿verdad? Seguro que tu mente te recuerda todo esto y además te dice lo lejos que estás de conseguirlo… ¿cómo te hace sentir? ¿cuánto sufrimiento te produce? Lo difícil de esta tarea estriba en ser capaz de aguantar ese malestar sin reaccionar a esos pensamientos y observar, darse cuenta de que si hay aceptación no queda sitio para el sufrimiento.

Como puedes notar, tu cuerpo ya se siente incómodo y adelanta que lo va a pasar mal. No satisfacer todo lo anterior es en sí poner un límite a tu mente y decirle que a partir de ahora mandas tú.

Por ejemplo, es difícil no querer quedar bien y obtener así el reconocimiento de los demás, pero es el camino que te llevará a tu libertad y a tu bienestar. Ahora empieza el proceso de reeducación, y da miedo, pero lo necesitas y ellos también.

Cuando frustres las expectativas que tienen sobre ti, se sentirán incómodos, pero cuando se den cuenta de quién eres en realidad y te vean feliz, deberían alegrarse por ti y “unirse a la fiesta”. Si no es así, ellos mismos harán la criba y sabrás quienes son tus verdaderos amigos y si te valoraban por quien creías ser, o por quien realmente eres.

Poco a poco te acostumbrarás a vivir en el presente, tranquilo y disfrutando de cada momento y afrontando la vida tal como llegue. La aceptación será algo normal en tu día a día y podrás tomar decisiones importantes con tranquilidad y equilibrio.

Si no eres tu mente, ni tu ego, ni tu dinero, ni tu pasado, ni tu futuro, ni tu sufrimiento, ni tu éxito, ni lo que la gente opine de ti, quizá te preguntes: ¿entonces quién soy?

Pero te respondo con otra pregunta.

Al ver un cuerpo sin vida de una persona, ¿quién dirías que es? Puede que si lo conoces digas su nombre o si no, nada, no lo sabes. Pero ¿qué diferencia a este cuerpo sin vida de otro con vida? ¿Dirías que quien esa persona era sigue ahí o que quien era en realidad ya no está y eso es simplemente un cuerpo/materia/envoltorio donde antes habitaba?

Por lo tanto, ¿quién era esa persona? Esa persona era su esencia, su ser, eso que la hacia ella misma y que por su puesto ya no está en ese cuerpo. Tú eres tu propia esencia, la energía que te anima y que compartes con el universo al completo, lo que te lleva mucho más allá de lo que has creído ser hasta ahora.

Hasta ahora, has creído que eras tu ego, formado por tus opiniones, tu imagen, tus creencias, lo que los demás esperaban de ti y tu forma de ser. Has representado un personaje como si de una obra de teatro se tratara y ya es momento de bajar del escenario.

Esa esencia, la que te hace único y especial, que determina quién eres en realidad, es tu conciencia. Tu (y yo) eres tu conciencia, la que se da cuenta de todo lo que ocurre pero que no se identifica con nada, simplemente observa.

Para mantener con vida nuestro vehículo, solo necesitamos 3 cosas: comer, beber y dormir.

Es el ego quien nos hace creer que necesitamos el poder, la admiración, la superación, las expectativas, fumar, beber, la competitividad constante, tener razón, comprar y comprar, opinar, incluso la búsqueda de la felicidad (porque cree no tenerla), juzgar e interpretarlo todo sin un criterio adecuado, solo el de sentirnos importantes, valorados y aceptados. El ego odia la crítica, odia que lo cuestionen y tratará de convencer a quien sea, de una u otra manera para que cambie de opinión.

Es el ego el que para sentirse realizado te lleva al enfado, a sentirte ofendido, a ser agresivo, a sentirte triste o abandonado…te lleva de un lado a otro para salirse con la suya y como no sabías lo que estaba pasando, le seguías.

Ahora que sabes que no eres tu ego, te diré que tampoco eres tus pensamientos. La mente es una fábrica de pensamientos especializada en aquellos que cree que nos ayudarán a mantenernos con vida, por eso se pone siempre en lo peor y, nutriéndose del pasado nos incita a mantenernos en nuestra zona de confort. Hemos de mantenernos lúcidos para poder discernir cuándo sus avisos son reales, útiles y hemos de tenerlos en cuenta y cuando lo que nos dice no es verdad. No tenemos que hacerle caso constantemente, porque lo que nos dice no siempre es verdad, no es lo que necesitamos, es como si tuviéramos dos objetivos diferentes: ella quiere que sobrevivamos y nosotros queremos crecer y desarrollarnos y como para esto último hay que salir de la zona de confort y pasar momentos de incertidumbre y miedo, no nos lo pone nada fácil, va contra sus principios, cree que ese sufrimiento puede matarnos. Si bien es cierto que habrá momentos incómodos y de duda, nadie muere por ellos, solo hay que atravesarlos con una buena estrategia, nada más, porque independientemente del resultado, al haber cruzado por ahí, sentirás una enorme satisfacción y confianza en ti mismo, porque te habrás conectado con tu esencia y estarás en el camino.

He dicho anteriormente lo que no somos y lo que somos. Somos la conciencia que todo lo observa y no se identifica con nada. Eso implica que nunca más nos identificaremos con lo que la gente opine de nosotros, con nuestro trabajo, con nuestras posesiones, así podremos ir soltando nuestras identificaciones y viviremos de manera plena y tranquila.

Con el paso del tiempo, y a medida que vayas tomando conciencia de todo esto, podrás observar que nada te molesta, nada te enfada, no criticas, eres más feliz y productivo, estas más concentrado, eres capaz de poner límites y además parecerá que todo ocurre según lo previsto. Esto significa que estás fluyendo con la vida y no necesitarás reaccionar ante lo que ocurra en ella, solo observarás y desde la tranquilidad y la reflexión tomarás las decisiones y las acciones que más te acerquen a quién eres en realidad.

De esta manera, cada vez más, dejaremos de permitir que lo exterior nos afecte tanto los comportamientos como las opiniones de otras personas. Nos daremos cuenta de que, si ellos hacen “eso”, es porque creen que es lo correcto y que no necesitan ser juzgados ni encajar con lo que nosotros esperábamos porque ya no esperamos nada. Nos parecerá bien y nos parecerá bien que nuestros amigos difieran en alguna cosa respecto a nosotros y estará bien así, no necesitamos tener razón ni daremos por sentado que ellos están equivocados.

Si crees, que con otra persona, por su filosofía de vida, no podrá haber un respeto mutuo en lo que a opiniones y creencias se refiere, simplemente habrá que distanciarse. No porque creamos que esa persona está equivocada y nosotros en lo cierto, sino porque sin tolerancia, no puede haber convivencia sana y enriquecedora.

A media que vayas poniendo en práctica todo lo anterior y lo que vendrá, un nuevo abanico de posibilidades se abrirá ante ti, la tolerancia y el respeto imperarán en tu vida  y tu capacidad de escucha y aprendizaje se verán fortalecidas porque empezarás a ser curioso y aprenderás a admirar a los demás por ser tal y como son y descubrirás que las diferencias pueden ser muy enriquecedoras.

Ahora que no hay máscara, es cuando de verdad empieza la función de tu vida, titulada: “Te estaba esperando. Atentamente, tu vida”.

 

Arturo Gracia Sañudo

Psicólogo y Coach.

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